Tuesday, January 19, 2010

Cuestión de vocación

(La Ruda Realidad, columna semanal de Ocio - Público, Milenio)

En un pueblo vivía un hombre que sabía mucho de medicina, había estudiado algo, y todos lo consultaban. Tenía buena reputación. Un día llegó de la ciudad un joven médico, recién titulado. Uno y otro se cruzaban a veces en la plaza y el joven solía decirle al lugareño: “Adiós, médico sin título”. El otro respondía: “Adiós, título sin médico”.

E sonríe cuando escucha esta historia, es porque le recuerda a sí misma. Uno de sus anhelos es haber estudiado medicina. En cuanto tuvo edad suficiente para pasar desapercibida en el hospital cercano a su casa, E a escondidas recogía las charolas de comida que ya habían desocupado los enfermos y las ponía en lo carritos. Cuando las enfermeras descubrían que las había ayudado no podían dejar de reprenderla por un lado pero también agradecérselo. Con el paso del tiempo no era sólo eso, sino que fue aprendiendo la profesión. Fue así como ingresó a trabajar ya como enfermera. Dice que sus desajustes de sueño comenzaron en aquella época, porque tomaba siempre los turnos nocturnos. A diferencia de sus compañeras y residentes, ella no dormitaba ni un segundo. Fue su constancia y responsabilidad la que sin duda la llevaron a ser jefa de enfermeras en su piso del hospital.

De esta época E guarda buenos recuerdos. Constató, una y otra vez, la mala memoria de las parturientas, quienes juran durante el alumbramiento no volver a embarazarse, pero que se las ve de nuevo al año siguiente, a punto de dar a luz. También le tocó atender a un borracho que por su propio pie se bajó de la camilla de la ambulancia, echando a todos las peores maldiciones y deteniéndose con las manos las tripas que le asomaban por la herida del abdomen. También que ella era la única que se atrevía a atender al hombre quemado, víctima de un terrible accidente laboral, cayó en el chapopote caliente de los pavimentos.

Sin embargo, no fue en el hospital donde E atendió su caso más importante. Un día le llegó el amor y consiguientemente el matrimonio, fue así como dejó el nosocomio y su cofia de jefa, para irse con él a una población rural; el mismo lugar donde él, como médico, había hecho su servicio social. En realidad resultó ser no tanto una población sino una aldea en condiciones tremendamente precarias, en una costa al sur del país. En pocos meses E se adaptó a su nueva vida, juntó un grupo de señoras a quienes enseñó primeros auxilios y los principios de enfermería y también ayudaba a su marido con la consulta. “Médica”, le decían algunos. Una noche, justo cuando su esposo había enfermado, fue a buscarla un hombre desesperado para suplicarle que atendiera el parto de su mujer, de manera urgente. Con la escasa luz de una velas y lo poco que en la choza había, E sacó al producto (así se le llama al recién nacido en el argot médico). El movimiento de una pinza reventó una arteria de la madre y la sangre brotó con fuerza. Estuvo al borde de la muerte, refiere E, cuando lo dice se le nota la angustia de lo vivido pero también el orgullo de haberlos salvado. El hombre, como agradecimiento y pago por sus servicios, le dio cuantas paletas de hielo se le antojaran a E y su marido, a eso se dedicaba, no tenía más recursos.

El 6 de enero es el día de las enfermeras. Demasiado pegado a los festejos del fin de año… Pero ya que ellas no tienen empacho en levantarse a medianoche, cualquier día es bueno para reconocerles su labor.


Publicado en el diario el 9 de enero de 2010

Sunday, January 10, 2010

Favor de incluir "reconexión"

La Ruda Realidad, columna semanal de Ocio - Público, Milenio)


Es bastante extraño salir de una función de cine-ficción, particularmente si se trata de una buena película y aún más si es en 3D. Más de cien personas abandonamos la sala en donde se proyectó Avatar, tras lo cual muchos hicimos fila en el sanitario, caminamos por los pasillos de las tiendas ya cerradas, hicimos otra fila para pagar el estacionamiento y una última, subidos en los autos, para salir de la plaza. Un vez afuera, abrí un poco la ventana para respirar el aire de invierno, pensaba en la película, en los escenarios fantásticos y en el rostro de S. Weaver diciendo “it’s real”, refiriéndose a la conexión con la naturaleza.

Recordé a alguien que conocí en un evento internacional sobre cambio climático. Se trata de un economista chino, experto en regulación bancaria pero también con una carrera en literatura, le gusta la poesía. A diferencia del resto de los asistentes, que proponían foros de discusión demasiado técnicos, este amigo sugirió uno sobre arte y cambio climático. Me inscribí de inmediato a éste, la experiencia fue de lo más lindo. El ser humano, a diferencia de los otros habitantes del planeta tiene capacidad de transformación pero también de abstracción. Así, nos construimos un mundo y vivimos en él olvidando que estamos inmersos en el verdadero mundo, el planeta con sus ciclos y equilibrios. Desconexión.

Los problemas ambientales son reales. Posiblemente en este año nos extrañó que la temporada de lluvia se recorriera, que el frío de este diciembre que no fuera como los anteriores. Pero no debemos irnos con la finta, no sólo de eso se trata el cambio climático. Pensemos en un punto de equilibrio de todos los sistemas, que ha prevalecido por milenios, en ese punto existe una determinada temperatura promedio del globo terráqueo. Si ese promedio de temperatura global aumenta 1 o 2 (o más) grados, los sistemas se afectarían en cadena y entonces habrá transformaciones, tan profundas como el aumento de la temperatura sea. Tampoco debemos tener una visión catastrófica, como la película 2012 o cualquier otra en donde la naturaleza “ataca” al ser humano. En lo absoluto. La naturaleza tarde o temprano encontrará un nuevo equilibrio, lamentablemente en él habrá algunos ausentes: especies extintas, extensiones de tierra borradas del mapa, glaciares, paisajes, etc.

Desconexión. El problema nos parece lejano y también nuestra participación. De alguna manera, es cierto, la situación es compleja. Hace unas semanas, en Copenhague tuvieron lugar intensas discusiones de la comunidad internacional sobre qué y cómo hacer, pero sobre todo en cuánto tiempo. La esperanza mundial es darnos una nueva oportunidad, es decir, volver el reloj a 1990 en cuanto a los niveles de emisión de gases de efecto invernadero, para disminuir el ritmo de aumento de la temperatura. Pero no sólo es responsabilidad del (des)acuerdo entre los mandatarios. Si al menos pudiéramos pensarnos de nuevo como parte de la naturaleza, disfrutar la belleza de la armonía del todo…

Reconexión. No estaría mal añadirlo a la lista de propósitos de año nuevo.

¿Y qué tiene qué ver el arte? A final de cuentas, el arte es lenguaje, comunicación a través de los sentidos. Por eso, les transmito el regalo que me hizo mi amigo, un poema de Meng Haoran (de la dinastía Tang), una “Mañana de primavera”: Esta mañana de primavera / en la cama reposo. / Para no despertarme hasta que los pájaros canten. / Después de una noche de viento y chubascos /¡cuántas son las flores que caen!


Publicado en el diario el 31 de diciembre de 2009

Friday, January 1, 2010

Desde un lugar del Polo Norte


(La Ruda Realidad, columna semanal de Ocio - Público, Milenio)


Preocupada por las inquietudes de mi sobrino sobre la carta para SC (Santa Claus), me puse a hacer algunas investigaciones. Dicen que todos estamos conectados, que basta con ponerse a preguntar para dar con alguien que conoce a alguien que conoce a cualquier personaje del mundo. Fue así como después de transitar por varias personas, se pudo plantear a SC las dudas. Transmito a ustedes el resumen de la entrevista que llegó a mis manos.

Se le cuestionó acerca de qué tan eficaz eran sus métodos para vigilar la conducta de los niños, en virtud de la tremenda extensión de la tierra y, sobre todo, de la densidad de las zonas urbanas. SC invitó al entrevistador a recorrer sus instalaciones, mientras le enumeró la estadística de sus ayudantes que se distribuyen en los países en proporción de la población. Aclaró que en mucho le ayuda la tecnología satelital, gracias a la cual obtiene imágenes de altísima calidad, que superan con mucho a google.  Comentó que la vigilancia se dificulta en los cotos de alta seguridad, lo que explica por qué a veces niños malcriados reciben regalos lujosos. Aclaró que ya se trabaja en minimizar y eliminar estos errores.

Cuando se le preguntó si existe o no un límite para pedir regalos, SC soltó una carcajada y luego habló de los principios rectores de su labor en los últimos siglos. Lo que se busca, dijo, es premiar la buena conducta de los infantes, por eso no debe perderse de vista que el regalo es un símbolo, no un fin en sí mismo. Subrayó la importancia de que los niños no olviden el espíritu navideño, la fraternidad, el amor al prójimo y a sí mismos, entre otros. Su segundo principio rector es procurar que se cumplan los deseos de los pequeños, sin embargo, aquí es donde también se pone a prueba el sentido de responsabilidad. Se le pidió a SC que explicara más este punto, él habló del momento crítico de la economía mundial, lo calificó como una “época muy dura para la humanidad”, por lo que exhortó a los niños a ser solidarios con la austeridad que viven sus familias, a no caer en las redes del consumismo, que es una carrera sin fin que antepone lo ostentoso al verdadero sentido lúdico: lo mejor es jugar, no el juguete. También les pidió que tuvieran en cuenta el tema de la inseguridad, que los objetos muy lujosos los ponen en la mira de bribones.

El entrevistador le pidió su opinión acerca de niños muy pequeños que quieren i-pods, laptops, etc. Con cara de preocupación, SC corroboró que año tras año recibe más cartas de ese tipo. Llamó entonces a sus asesores. Fueron ellos quienes explicaron que están atentos a las investigaciones científicas sobre los efectos nocivos del uso temprano de la tecnología.  Dieron datos sobre cómo los menores pueden verse afectados en su desarrollo neurológico y motriz, las correlaciones con enfermedades como la epilepsia, el desgaste visual, auditivo, etc. SC dijo que para él, los niños consentidos eran aquellos que solicitaban juguetes clásicos, que les permitían ejercitarse física y mentalmente.

Por último, SC quiso pronunciarse sobre otra cuestión. Afirmó que él y sus asesores han seguido de cerca los problemas del medio ambiente y el cambio climático. En ese sentido, exhortó, a niños y padres, a informarse sobre el impacto de sus consumos y actividades en el medio ambiente, esto es la huella ecológica. Entre todos, dijo, debemos lograr la gran meta: que el planeta y sus habitantes tengamos una vida sana y perdurable.


Publicado en el diario el 24 de diciembre de 2009